: Cittaslow, heroicas ciudades que duermen la siesta
Dipublikasi pada Monday, 10 April 2006
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menulis " | Un nuevo modelo urbano, que inspira a Villaviciosa, usa los avances tecnológicos a favor de la tranquilidad y lo convierte en gancho político y turístico
Fue un efecto indeseado del «Big Mac». En 1986 McDonalds abrió un restaurante cerca de la plaza de España de Roma y la comida rápida («fast food») despertó a los antiprisas con su movimiento gastronómico de exaltación del gusto, producción artesanal de alimentos, ganadería y pesca sostenibles: el «slow food». Aunque no sólo de pan vive el hombre, la comida fue la primera reacción contra la vida atragantada. A iniciativa de otras tres ciudades italianas, Orvieto -un municipio del centro de Italia donde se encuentra el Palacio del Gusto (sede nacional e internacional del Slow food)-, Positano y Bra surgió en 1999 Cittaslow (ciudad lenta), un movimiento muy consolidado en Italia que crece en el mundo. Cuenca es la gran candidata española. |
«La heroica ciudad dormía la siesta» es la frase que inicia «La Regenta» de «Clarín». Claro que era el provincianismo del siglo XIX, no la globalización del XXI. Ciudad Lenta es un nuevo modelo urbano que quiere más espacio para pasear, más zonas verdes, que se eliminen las grandes vallas publicitarias que resulten antiestéticas y los letreros de neón, que se prohíba circular a más de 20 km/h por el centro. Bra, una localidad italiana de unos quince mil habitantes, fue pionera de este experimento.
No es una tontería. El caracol que identifica a una Ciudad Lenta es un gancho político y un reclamo turístico que ahora agrupa unas 40 poblaciones italianas y 30 extranjeras (inglesas, noruegas, canadienses y alemanas), todas con menos de 50.000 habitantes.
En Asturias, Villaviciosa trabaja a buen ritmo inspirada por las ideas de la Ciudad Lenta, que ha incluido dentro de su plan estratégico una idea desarrollada por el inquieto Centro de Cooperación y Desarrollo Territorial (Cecodet) de la Universidad de Oviedo, dirigido por el profesor Fermín Rodríguez. No han presentado ningún papel para inscribirse en este movimiento pero el vicealcalde Juan Basilio González asegura que muchas de sus actuaciones en marcha están concebidas para llegar a hacerlo.
El periodista Juan Cueto escribió un artículo sobre las Ciudades Lentas y dijo a LA NUEVA ESPAÑA que «Informe semanal» tiene previsto venir a Castropol a grabar un reportaje. La más bella orilla del Eo parece el prototipo de ciudad lenta, declarada o no.
¿Qué hace una ciudad lenta?
Un todo que potencie y conserve las peculiaridades culturales, históricas, arquitectónicas y naturales de la zona pero sin voluntad arcaizante, al contrario, poniendo toda nueva tecnología al servicio de ello.
Limpieza: medidas legales dirigidas al control de residuos; separación de basuras y compostaje de residuos orgánicos, contenedores de basuras disimulados y recogida a determinadas horas con vehículos silenciosos.
Silencio: reducción del ruido ambiental que genera el tráfico mediante su traslado a la periferia, garantizando el acceso al centro y la disponibilidad de aparcamientos vigilados en las inmediaciones. Sustituir las alarmas sonoras por otros sistemas de seguridad.
Accesibilidad: Eliminación de barreras arquitectónicas en la calle, edificios públicos y privados.
Iluminación: luminaria pública adecuada que no genere contaminación lumínica.
Ambiente: potenciar el uso de energías alternativas, elaborar un decálogo sobre uso del agua, controlar la radiación electromagnética, publicar los datos relativos al medio ambiente.
Turismo de calidad: dar servicios e infraestructuras turísticas de calidad que pasan por la gastronomía (productos autóctonos, ecológicos y de calidad), y señalización turística completa en varios idiomas, instalar váteres públicos, usar nuevas posibilidades tecnológicas para preservar y reconstruir los espacios históricos y medioambientales urbanos como barrios de particular arquitectura, zonas verdes y parques.
Calidad de vida: Conciliar la vida laboral con la familiar y atención domiciliaria para enfermos crónicos y personas de edad avanzada. Apoyo y subvenciones para la arquitectura biológica e implantación de una red telemática urbana con presencia institucional que garantice la interactividad entre vecinos e instituciones.
Ciudad Lenta es el compromiso de una comunidad entera por vivir de una manera más sana, relajada y sostenible. Todo lo que tiene que ver con el buen vivir, con la calidad de vida ciudadana, debe estar garantizado por las autoridades municipales, dicen sus fundadores.
Todo está en su manifiesto y en sus estatutos, desde la teoría de buscar la singularidad dentro de la globalización hasta la práctica con decenas de medidas concretas para que las cosas vayan a su ritmo.
Para formar parte de la red de Ciudades Lentas hay que acogerse a los principios del manifiesto y cumplir con los estatutos y los requisitos. La sede está en Orvieto (www.comune.orvieto.tr.it). No pueden sumarse las capitales de provincia. Se paga una cuota anual de adhesión según el tamaño de la ciudad. Las ciudades de menos de 5.000 habitantes, 600 euros; hasta 15.000, 1.250 euros; hasta 30.000, 2.000 euros, y más de 30.000, 2.750 euros.
No caben las grandes metrópolis pero sus impulsores no se niegan a extenderlo a los barrios de las ciudades. No basta con inscribirse. Un comité especializado se encarga de verificar «in situ» que los requisitos se cumplen. Tres municipios afiliados en un mismo país pueden constituir una red nacional Cittaslow y cuidar la selección de los nuevos aspirantes.
Despacio, despacio
Hay más iniciativas en el mundo para llegar a lo lento.
Slow Schools son colegios que abogan por una enseñanza sin competitividad, masificación y tiempo para el aprendizaje. Su impulsor, el sociólogo George Ritzer, autor de «La macdonalización de la sociedad», propone crear un nuevo sistema en el que el horario de las clases sea flexible según las necesidades de los alumnos y donde los estudiantes dispongan de huertos para cultivar sus propios alimentos.
El Slow Sex (sexo lento) es promovido por un grupo que, mezclando orientalismo e ideología «new age», propugna calma y serenidad.
«Take back your time» (recupera tu tiempo), creada por Carl Honoré, un periodista «ex adicto a la prisa», hace 4 años que celebra la Conferencia del Tiempo, y ha enviado una propuesta al Congreso de los Estados Unidos para que el 24 de octubre sea el «Día Oficial Sin Relojes». La Sociedad para la Deceleración del Tiempo, con más de 700 socios, pidió al Comité Olímpico que premiara con medallas a los atletas que realizaran las marcas más lentas. Sus activistas pueden parar a cualquier peatón que recorra 50 metros en menos de 30 segundos para preguntarle por qué tiene tanta prisa.
La Fundación por un Largo Ahora (The Long Now Foundation) está construyendo un reloj de dos metros y medio de alto que funcionará con tecnología de la Edad de Bronce, y que se colocará en una montaña para guardar simbólicamente la hora durante diez mil años. En España la Asociación para la Liberación del Tiempo y de su Ordenamiento propone eliminar la semana laboral y acabar con los cambios de hora cuyos efectos todavía sufren algunas personas.
Fuente: LA NUEVA ESPAÑA"
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